Hay Cosas Que No Se Olvidan

Jorge Ramos

Hay tres formas de lidiar con un “bully”: una, dejarse; dos,

enfrentarlo; y tres, ignorarlo. El presidente de México, Andrés Manuel

López Obrador ha decidido la tercera opción en su relación con Donald

Trump. Por ahora, le ha funcionado. Pero esta estrategia tiene muchos

huecos para sostenerse en una relación tan compleja como la de México y

Estados Unidos.

   El principal reto de la política exterior de López Obrador era cómo

desactivar las agresiones de su vecino y principal socio comercial. Y ya

encontró una fórmula: No le hagas caso a todo lo que diga Trump y no te

lo tomes personal.

   Ignorar a Trump — y no reaccionar ante todos sus tuits y amenazas —

requiere una personalidad zen. Más de uno se le ha puesto a las trompadas

y ha salido con una avalancha de críticas en las redes sociales y con el

orgullo golpeado. (Trump tiene más de 59 millones de seguidores en

Twitter.)

   López Obrador no se ha enfrentado al presidente de Estados Unidos en

público ni en privado. Esto no es una cuestión de valentía o de valores

personales sino de ser más listo que Trump.

   Hace unos días Trump sacó varios tuits en contra del gobierno de

México. En uno de ellos dijo que “México no está haciendo NADA … ” para

detener la inmigración ilegal a Estados Unidos. Y en otro su amenaza más

grande: “El siguiente paso es cerrar la frontera”.

   Otro presidente, quizás, hubiera salido en televisión a decir que

México está haciendo mucho para encarar la situación en su territorio con

los centroamericanos que cruzan hacia Estados Unidos y que tendría

terribles consecuencias económicas, para ambos lados, cerrar la frontera.

Pero no López Obrador.

   En una de sus conferencias de prensa “mañaneras”, se rehusó a

contestarle a Trump, diciendo que hay que actuar con prudencia. Eso es

todo. A pesar de que se trataban de temas centrales para México.

   El plan funcionó. Días después Trump cambió de opinión y le dijo a un

grupo de reporteros que “le vamos a dar [a México] una advertencia de un

año” para reducir las drogas y la migración. Si no, dijo, impondrá

sanciones económicas y cerraría la frontera.

   La estrategia de dejar a Trump dar vueltas en el viento le está dando

a López Obrador el espacio, el tiempo y, sobre todo, los resultados que

quiere.

   Pero tampoco es que Trump le caiga bien al presidente mexicano. En una

entrevista en el 2017, cuando le pregunté si para él Trump era un

racista, me contestó: “Sí. Sí, él lo ha expresado. Azuza el racismo”.

Pero, hasta el momento, no ha dejado que su opinión sobre Trump afecte

las relaciones entre ambos países.

   Sin embargo, AMLO no puede continuar indefinidamente callado frente a

los gritos y atropellos de Trump. Tiene que haber un límite. Una de mis

críticas principales al gobierno de Enrique Peña Nieto es que nos dejó

solos a los más de 35 millones de personas de origen mexicano que vivimos

en Estados Unidos. Ningún funcionario de México daba la cara en Fox News

para defender a los inmigrantes y criticar a las políticas de Trump.

López Obrador no puede caer en el mismo error; debe ser el presidente de

todos los mexicanos, independientemente de dónde vivan.

   Si algo es seguro es que Trump seguirá golpeando a México en su

intento de ser reelegido. Y alguien tiene que ponerle un alto.

   Pero sospecho que el estilo de gobernar de AMLO no va a cambiar mucho.

Ni muy rápido. Un reciente evento en Poza Rica, Veracruz, demuestra con

absoluta claridad dos cosas: El tipo de liderazgo más intuitivo que

institucional que le gusta a López Obrador — en contacto con la gente,

consultando, dialogando — y su convicción de que al bully se le puede

ganar si lo ignoras.

   “¿Verdad que debemos llevar una buena relación con el gobierno del

presidente Donald Trump?” les preguntó López Obrador a los asistentes.

“Sí”, se escuchó fuerte en la audiencia.

   Luego siguió el ejercicio.

   “Que levanten la mano los que piensen que le debo de contestar cada

vez que se refiere a México el presidente Donald Trump”, preguntó frente

al micrófono, aunque ya sabía la respuesta. Y la cámara no mostró a nadie

alzando la mano.

   Y al final.

   “A ver. Que levanten la mano los que piensen que debemos actuar con

prudencia”. Las imágenes muestran a casi todas las personas levantando la

mano.

   “¡Eso es mi pueblo!”, dijo López Obrador con entusiasmo y se puso a

aplaudir.

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