Proponen ley contra la “manipulación psicológica” y la “adicción digital” de las redes sociales

Las redes sociales y otros sistemas en línea son utilizados de manera intensísima y, ciertamente, puede afirmarse que muchas personas son tan asiduas a sus contenidos y servicios que han desarrollado una suerte de adicción hacia ellos.

Y hay voces consideran que esa conducta es propiciada, o manipulada, por ciertas acciones que proyectan contenidos e interacciones, y fomentan su consumo, sin que necesariamente el usuario los haya solicitado o los desee. Para Josh Hawley, senador republicano por Missouri, en internet tienen lugar a gran escala “prácticas que explotan la psicología humana y la fisiología del cerebro para impedir sustancialmente la libertad de elegir” y él cree tajantemente que se deben prohibir.

Así, Hawley, un joven senador de 39 años, ha propuesto una iniciativa de ley titulada “The Social Media Addiction Reduction Technlogy (Smart) Act” (Ley de Tecnología de Reducción de la Adicción a las Redes Sociales) que busca regular, y en ciertos casos prohibir, ciertas prácticas y funcionalidades que, a su juicio, manipulan y vuelven adictos a los usuarios.

Entre las prácticas que Hawley considera nocivas y las regulaciones que busca imponer figuran:

Desplazamiento infinito o autorellenado (Infinite Scroll, Auto Refill). La descarga automática de contenido adicional sin indicación o consentimiento del usuario una vez que este se aproxima al final del contenido originalmente seleccionado, algo que es muy común en muchos sitios web y que sucede claramente en los feeds de Facebook o Twitter.

En realidad, se trata de componentes cruciales de esos sistemas. La iniciativa no incluye en esa prohibición la reproducción de video o música que el usuario haya indicado, y en el caso de los sitios web establece que el autorrellenado no es permitido si añade automáticamente y sin autorización expresa del usuario más contenido del que éste podría recorrer en tres minutos.

Autorreproducción (Autoplay). La ejecución automática de música o video (salvo anuncios) sin el consentimiento expreso del usuario mediante una acción específica de éste (como pulsar un botón o ícono), salvo en los casos que el usuario haya seleccionado de antemano la reproducción de listas de audio o video (playlists) especialmente creadas para ser ejecutadas de modo continuo.

Sistemas que predominantemente reproducen música (y anuncios) quedarían exentos de ello.

Gráficos o etiquetas de participación e interacción. Otorgamiento de distintivos, etiquetas u otros elementos gráficos vinculados a actividades del usuario o para describir interacciones en la plataforma si esos elementos no proveen sustancialmente mayor contenido, servicios o funcionalidades al usuario.

Caben aquí, por ejemplo, los llamados Snapstreak badges de Snapchat que indican la duración de una racha de interacciones con cierto usuario, y que críticos han vinculado, como se narra en The Guardian, a comportamientos problemáticos en niños “que temen que una amistad pueda estar en riesgo si la racha se termina”.

No es claro, por ejemplo, si la ansiedad provocada a algunas personas por la ausencia o la presencia de iconos de tipo Like y demás en Facebook y otras redes sociales podría caer dentro de las prohibiciones de esta iniciativa.

Limitación al tiempo de uso. Obligaría a las plataformas de medios sociales a limitar a un máximo de 30 minutos diarios el tiempo en que los usuarios pueden utilizarlas salvo que éste indique directa y voluntariamente un tiempo máximo diferente, y en todo caso cada mes ese nuevo límite debería ser reinstalado en automático a 30 minutos diarios.

 

Para Hawley, todas estas prácticas y acciones han sido usadas por las empresas de tecnología específicamente para crear adicción a sus productos y servicios y rechazo que el uso de esos “trucos psicológicos” sea innovación. Al parecer, para él todo ello es una manipulación orientada a incrementar el negocio de esas empresas de medios sociales digitales.

Es de suponer que las empresas de medios sociales se oponen a esa iniciativa, pues cumplir sus regulaciones trastocaría radicalmente su modelo de operación.

Pero críticos de la iniciativa de Hawley señalan, primero, que no habría aún suficiente base científica que apoye el efecto adictivo de las funcionalidades que se pretende prohibir y consideran descabellado que, en la práctica, cada usuario quede de tajo limitado en el tiempo que puede pasar en línea y deba específicamente indicar cada mes a su red social la cantidad de tiempo que desea usarla o quedar restringido a 30 minutos diarios.

De acuerdo a Vox, Hawley se ha lanzado a una suerte de “cruzada antitecnológica” y ha presentado numerosas iniciativas en relación a cuestiones de privacidad, rastreo de datos y explotación económica de los medios en línea. Y ha expresado públicamente su animadversión hacia redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram.

Y es plausible que la animadversión de Hawley contra las corporaciones tecnológicas y las plataformas sociales tenga que ver con cuestiones ideológicas y las quejas (con Donald Trump incluido) de que esas redes son dominio de liberales y censuran el pensamiento conservador.

Josh Hawley, entonces senador electo por Missuouri, y el gobernador de ese estado, Mike Parson, reciben al presidente Donald Trump en el aeropuerto de la ciudad de Kansas City. (AP Photo/Andrew Harnik)

La crítica a esos medios sociales y a sus efectos nocivos en la sociedad no es nueva, y Hawley incluso los considera “drogas digitales” que generan adicción y dependencia, todo ello para el beneficio económico de las empresas que las operan.

Pero, como señala Vox, el uso excesivo de esos sistemas no es considerado como un desorden mental por la Organización Mundial de la Salud y hay expertos que descartan que exista tal clase de adicción.

Más investigación es ciertamente necesaria al respecto. Y existe ya otra iniciativa, llamada CAMRA Act, en el Congreso (que Hawley aún no ha suscrito) que impulsaría a los Institutos Nacionales de Salud a realizar investigación basada en datos sobre la relación entre medios sociales y las adicciones.

Y hay voces que consideran que la iniciativa presentada por Hawley resulta más bien ridícula, que sería impracticable y distraería de regulaciones más efectivas y necesarias.

En todo caso, la iniciativa de Hawley no tiene al parecer apoyo legislativo suficiente para prosperar y muchos la considerarían una intrusión excesiva en las libertades de las personas.

Regular a los medios sociales y evitar excesos, abusos y efectos nocivos inherentes a ellos es ciertamente conveniente, pero ello ha de hacerse con base en datos y respetando derechos y libertades.

El debate sobre si la iniciativa de Hawley se acopla o no a esas premisas está abierto, si bien es muy improbable que esa propuesta llegue a convertirse en ley.

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