El dolor emocional, ¿tarda más en sanar que el físico?
El dolor emocional, ¿tarda más en sanar que el físico?

Es cierto que a veces parecen fusionarse. El dolor del abandono, de una ruptura amorosa, de una pérdida, se siente en el cuerpo: en el estómago, la falta de aire, un mareo con el que buscamos alejarnos del terreno de la angustia.

A ese sentimiento los expertos lo llaman dolor emocional. Puede manifestarse en el organismo pero es distinto a lo que se define como dolor físico.

Y sí, es cierto, el dolor emocional puede tardar más en sanar porque, aunque lo sentimos profundamente, le prestamos menos atención que al dolor físico.

De hecho, tendemos a ser proactivos, al menos gran parte de las personas lo son, cuando tenemos un dolor físico. Por ejemplo, si nos caemos y nos torcemos un tobillo vamos enseguida a una clínica de urgencias

Si nos aparece una mancha en la piel, consultamos con un dermatólogo, y vamos cada año a hacernos el chequeo anual, para ver cómo está el nivel de azúcar en sangre, la presión arterial o cómo late nuestro corazón.

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Pero al otro dolor lo soportamos con estoicismo, como mártires lo dejamos sangrar, metafóricamente hablando, sin ponerle el antiséptico que nos permita dejarlo atrás.

Pero hay que encontrar la salida, porque si el dolor emocional no sana, y perdura, se vuelve agónico y puede transformarse en una forma crónica de angustia, o incluso depresión.

El psicólogo Guy Winch agrega que este tipo de dolor, que se siente pero a la vez, y paradójicamente, es intangible, puede hacer que nuestra austoestima baje a niveles peligrosos, tanto que sintamos que no vale la pena siquiera buscar ayuda.

Y ese es exactamente el primer paso. Buscar la ayuda para poder mirarnos a nosotros mismos y dejar de sentir dolor.

Empezar a sanar

La psicóloga clínica Beth Kurland, quien lidera una corriente que enseña a aceptar y superar las emociones oscuras, dice que es posible lidiar con ese dolor y vivir plenamente.

Kurland cuenta su propia experiencia con este tipo de dolor. La terapeuta perdió a su madre cuando tenía 15 años, en un accidente de auto.

Adolescente, sin tener ninguna herramienta para lidiar con esa pena imposible, sin ningún canal para expresar esa emoción, se enfocó en la escuela, en sus tareas y en ejercer control en cada parte de su vida. 

Y barrió bajo la alfombra el sentimiento insoportable de pensar a su madre muerta.

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Kurland cuenta que en algunos aspectos la estrategia inconsciente le funcionó: mantuvo en toda su escuela secundaria buenas calificaciones. Pero, a la vez, empezó a manifestar una  ansiedad extrema frente a cosas o situaciones que no podía controlar.

Esos miedos aumentaron a medida que entraba en la adultez: un olor extraño siempre era un gas tóxico, un pequeño corte en un dedo podía significar la muerte.

Ante lo que no podía controlar, el viejo dolor insoportable, que nunca se había ido, volvía a resurgir.

Cuando Kurland tuvo a su primer hijo, y con ayuda de terapia, pudo finalmente completar el duelo por la muerte de su madre, y sentir las emociones que por muchos años habían permanecido debajo de la alfombra.

Fue cuando dejó de vivir en piloto automático.

En su libro, Dancing on the Tightrope (Danzando en la cuerda del equilibrista), Kurland reflexiona sobre este camino de sanación, entendiendo que evitar confrontar las emociones dolorosas es parte de la naturaleza humana.

Pero asegura que la negación solo aumenta nuestro estrés psicológico, ansiedad, y depresión; y la posibilidad de mejorar nuestro bienestar.

Un artículo publicado en Psychology Today, explica que, además, esconder las emociones también eleva el riesgo de "hablar" a través de conductas que nos dañan como el abuso de alcohol o la adicción a drogas.

Tanto como víctima de sus emociones oscuras, como en su rol de terapeuta, Kurland cuenta que ha visto una mejora enorme en pacientes —y en sí misma— cuando se afrontan los sentimientos oscuros en vez de reprimirlos.

¿Cómo hacerlo? Si estás anclado en este callejón emocional, estos 5 pasos sencillos pueden ayudarte a encontrar la esperanza perdida y a vivir mejor.

1. Abre la puerta a tus sentimientos

Aunque parece una frase de telenovela, es posible lograrlo con una técnica llamada de atención plena (mindfulness, en inglés). Imagina que invitas a tus sentimientos a tu sala. Les abres la puerta, y te sientas cerca o lejos de ellos, como prefieras. Pero esa perspectiva te puede ayudar a repensar tus emociones, a entender mejor lo que tienes enfrente, que es en realidad lo que estás sintiendo.

Algunas personas imaginan a sus emociones como distintos colores, formas, personajes favoritos o como ellas mismas en otro momento de sus vidas. Lo importante es que aceptes los sentimientos que aparezcan.

2. Explora las emociones que tengas enfrente

Cuando confrontes a tus sentimientos, verás que sentirás curiosidad, y podrás hasta calificarlos —éste es tristeza, éste es enojo, etc.— emociones que sientes cuando sufres, por ejemplo, una pérdida. Y verás que no tendrás miedo. Conocerlos te ayudará a superarlos, dice Kurland.

3. No seas tan duro contigo mismo

Culturalmente, el ser humano juzga, y muchas veces, a los sentimientos que surgen de pérdidas o dolores intolerables se los juzga de manera negativa. La tristeza es sinónimo de debilidad, si sientes celos o enojo eres una "mala persona". Cuando miramos a nuestras emociones difíciles cara a cara, comenzamos a restarle importancia, hasta nos reímos de nosotros mismos, y nos vamos dando cuenta que hay que seguir adelante. 

4. No te asustes, los recuerdos siguen intactos

Muchas personas creen que al superar el duelo, comienza un proceso de olvido de la persona querida. No es así. La psicóloga Katherine Myers Coffman, explica que en realidad ocurre lo contrario. "Limpiar" las emociones oscuras con la técnica de atención plena, nos permite enfocar nuestra mente en los bellos recuerdos que tenemos del ser querido, o de la relación perdida.

5. Comparte tus logros emocionales

En su libro, Kurland cuenta que compartir nuestras metas y lo que logramos emocionalmente forma parte del proceso de sanación. No hay que sentir vergüenza de haber estado atrapados en esa telaraña emocional, por el contrario, hay que sentirse orgulloso de haberle ganado la batalla a la opresión emocional. Para sentirnos, finalmente, más plenos y felices.

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