California ha enfrentado una creciente escases de médicos desde hace años, pero si la Proposición 23 llega a aprobarse, California será un estado con centenares de médicos encerrados sin hacer nada en clínicas de diálisis, mientras sus potenciales pacientes pagan las consecuencias.

O puede ser al revés, que cientos de clínicas de diálisis tengan que cerrar y poner en riesgo de muerte, literalmente, a sus miles de pacientes.

La Proposición 23 dice que cada centro de diálisis debe tener un médico de planta durante las horas de operación, que son turnos de entre 12 y 14 horas diarias.

Hagamos cuentas: si hay 600 centros de diálisis en California y para esos turnos se requieren unos 1,200 médicos, que se quitan de la población general para encerrarlos en clínicas donde realmente no tendrían absolutamente nada qué hacer.

Pudiera no parecer un gran número, pero el radio de 50 médicos pro cada cien mil habitantes en California –2,000 habitantes por médico—ya está muy por debajo de la media nacional, y de hecho hay muchas regiones que tienen menos, radios de unos 30 a 35 médicos por cada cien mil habitantes.

Restar tantos médicos pone definitivamente en riesgo a la población general.

La otra opción con la Proposición 23 es que muchos centros de diálisis tengan que cerrar porque no pueden pagar los médicos que tendrían que tener encerrados sin hacer nada, y entonces el peligro es mayor, porque hay muchos pacientes de diálisis que necesitan el tratamiento tres veces por semana, cuatro a cinco horas cada ocasión.

Con una sola cita que fallen, esos pacientes tienen 30 por ciento de oportunidades de perder la vida.

Una pregunta es qué va a pasar si por cumplir con una proposición descabellada como la 23, cierran muchos centros y los que queden abiertos se saturan al recibir a pacientes que quedaron sin la atención en otros lugares. Por supuesto eleva las posibilidades de descuidos.

La otra pregunta es cuánto va a elevar el costo de diálisis todo la mal concepción de la Proposición 23. Por ahora hay médicos y centros que, al conocer el sufrimiento de las personas que tienen fallas renales, inclusive ofrecen algunos servicios en beneficencia a los más necesitados, que con la 23 se quedarían sin ninguna ayuda y con síntomas insoportables y riesgo de muerte.

Los técnicos son quienes se ocupan de diálisis, y les auxilian las enfermeras, y un médico es responsable, por protocolo, pero no necesita estar en el centro de diálisis porque técnicos y enfermeras hacen todo, desde 1970, sin fallas.

Y eso no es todo, será para los californianos un sufrimiento en crecimiento, porque el número de pacientes de diálisis –actualmente 80,000—crece en promedio en 5 pro ciento anual; cada año hay 4,000 nuevos pacientes, es decir unos 11 nuevos pacientes por día.

Por tanto es necesario decir No a la Proposición 23. Es una mala idea que pondrá en enormes sufrimientos y literalmente en peligro de muerte a muchos californianos.

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