Editorial por El Popular

Si ahora que usted recibe la boleta electoral por correo lee que la Proposición 21 es para controlar la renta de la vivienda, puede pensar que es algo que le conviene, pero le tenemos noticias: le conviene tanto como dispararse en un pie.

De acuerdo con cálculos del gobierno de California, el estado necesita construir en menos de cinco años unos 3.5 millones de nuevas viviendas, pero en su mayoría al alcance de las familias de bajos ingresos, los veteranos, los ancianos.

Solo al tener suficientes viviendas a precio accesible se terminaría la espiral de encarecimiento que comenzó en el año 2000, cuando la escasez todavía no era tan grave como ahora.

Es esa escasez, la falta de vivienda, la que ha llevado a que un departamento de dos recámaras que en el año 2000 se rentaba en $975 dólares mensuales, ahora se rente en $2,099 dólares.

Si usted ha vivido lo suficiente en California, reconocerá que mientras el precio de la vivienda se dispara de esa manera, los salarios a lo largo de los años han crecido muy poco para la mayoría de los californianos.

Lo peor es que la escasez de vivienda cada año se agudiza en California. El precio de la vivienda no deja de subir y las nuevas unidades son pocas y cada vez más caras.

En este contexto que usted ya bien conoce, porque lo padece, la Proposición 21, que en la

boleta dice que es para el control de la renta, intenta causarnos estragos a todos en California.

Primero que nada, la Proposición en ninguna parte menciona la necesidad de construir más viviendas, edificios, departamentos, casas; se queda con las cosas como ahora están, y, sin ninguna propuesta de construir más, que es la solución adecuada, propone pasar el control de la renta de las viviendas a los gobiernos locales.

Es decir que la presunta solución de la proposición 21, es que si, por ejemplo, alguien renta un departamento en Los Ángeles, ya no le pague al dueño o la compañía propietaria de la vivienda, sino al gobierno de Los Ángeles.

Esa medida es la receta perfecta para que los inversionistas, que son los que podrían construir las viviendas que se necesitan, salgan corriendo y no se les vea nunca más.

Encima, la Proposición 21 propone que durante los siguientes tres años las rentas aumenten en 15 por ciento. En el ejemplo que mencionaba arriba del departamento que pasó a costar $2,099 dólares, la renta subiría en el primer año a $2,415, el segundo año a $2,777 y el tercer año a $3,193 dólares por mes.

¿Qué le parece? Es un poco distinto a lo que se lee en la boleta de que se trata de “control de rentas”, ¿verdad?

Para entonces, con resabios de la pandemia, si usted es de los afortunados que cuenta con recursos para querer rentar en algún otro sitio, se va a enfrentar con la misma escasez que ha llevado a la espiral de carestía de la vivienda.

Piense ahora en sus hijos si los tiene, o en las siguientes generaciones. Votar por la proposición 21 es votar por encarecer como nunca el precio de la vivienda y pasar el control de las rentas a los gobiernos locales, eso es todo.

Si usted quiere un aumento de más del 33 por ciento a lo que ahora paga en vivienda y que el problema de la escasez incluso aumente, adelante, puede dispararse en un pie, o votar por la Proposición 21. No es exactamente lo mismo, pero así lo llegará a sentir. Vote no en la Proposición 21.

Editorial por El Popular

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